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LOS VERANEANTES
La llegada del verano a Valsaín siempre ha ambientado de una manera muy especial la vida en el pueblo. Desde que me alcanza la memoria, y este año redondeo cifra, recuerdo con excitada ilusión cuando empezaba a despuntar el verano, Los días más largos daban lugar a una actividad más intensa en la rutina de los vecinos. Para los más chicos suponía más tiempo para jugar en la calle, los baños en el río, y cubrir por las noches sentados, ambos lados del puente de Valsaín igual que cuando los pájaros se posan en fila en los cables de la luz. Para los más mayores, las tertulias en la puerta de las casas disfrutando hasta altas horas de la agradable temperatura, o los paseos de Valsaín a La Pradera y viceversa.
En esta época llegaban a Valsaín los veraneantes, que alquilaban una casa o habitaciones para pasar la temporada de estío disfrutando de nuestro pueblo. Era frecuente que los alquileres fueran por año, por lo que la estancia no sólo se limitaba a la temporada de verano, sino también a los fines de semana y otras fiestas.
Recuerdo tanto la alegría del comienzo del verano y la llegada de las familias de veraneantes, como la tristeza cuando, casi siempre después de las fiestas, el pueblo se queda con esa sensación de vacío que anuncia el final del verano (como la canción del Dúo Dinámico) y el fin de los felices y calurosos días en los que parece que se disfruta de más libertad y ser respira una alegría especial en el ambiente.
La intención de estas líneas es hacer un reconocimiento a todas aquellas familias que sin descender directamente de Valsaín, lo sienten como suyo y han desarrollado ese sentimiento que nos invade a los hijos de este hermoso paraje, hasta el punto de que muchas de estas familias han echado raíces aquí y son (lo han sido desde la primera vez que pisaron nuestra tierra), parte de la historia y del concepto de Valsaín.
Personalmente, en mi casa he visto como mis padres mantienen amistades con “veraneantes” que un día lo fueron y por circunstancias de la vida o cambio de hábitos no han vuelto por Valsaín, pero durante el tiempo que estuvieron fuimos capaces de crear unos lazos de amistad muy sólidos. También y en referencia a “echar raíces” muchos vecinos han tenido la gran suerte de haber emparentado con miembros de estas familias de veraneantes, que un día eligieron Valsaín como lugar de ocio y descanso y afortunadamente se cruzaron en nuestro camino.
A todos ellos, gracias.
Pedro de la Peña García (Marzo de 2009)