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VEREDAS DE GABARREROS
En las cumbres habita el viento sempiterno. A veces se trata de una leve brisa, en otras ocasiones navega con la fuerza de huracán entre las dos vertientes de la sierra de Guadarrama. Picachos milenarios que soportan, casi imperturbables, los embates del agua, de la nieve, del hielo…, o la erosión del propio vendaval. Parajes agrestes, masas graníticas cuyo rey se eleva a 2428 metros de altura, y el eco de sus rocas quebradas responde al nombre de Peñalara. En la falda de la montaña, los chaparros más osados escalan aprovechando el más mínimo vestigio de suelo fértil. Y más abajo, el Eresma dibuja ese valle ancestral que colonizaran los pinos. Allí la vida fluye en un ecosistema plagado de sensaciones. Por allí viaja la inspiración de poeta, se envuelve el caminante en su magia, y afronta su retos el científico.
Mi mente viaja al encuentro de los viejos gabarreros; y me recreo escudriñando en el horizonte de sus tiempos marchitos. Pululan como hormigas laboriosas por los rincones del pinar, forjan sus destinos al compás que marca la Naturaleza indolente, gastan sus vidas a golpes de hacha. Sus relatos, sus desventuras, sus avatares…, llenan el alma del bosque, en el que dejaron una profunda huella.
Son esbozos de unos personajes emblemáticos que subsistían de la explotación de las leñas muertas y de los restos no maderables del pino abatido. Dotados de un singular fortaleza, de una inagotable capacidad de sacrificio, de un especial espíritu de compañerismo que los unía en sus vicisitudes y, sobre todo, dignos de admiración por el amor que profesaban a su pueblo y a su pinares.
Todavía muchas sendas atraviesan este maravilloso enclave. Pero, a la vez que se extinguen los gabarreros, el polvo de las veredas se apelmaza, la hierba las difumina, mientras dormitan en un sueño cada día más profundo. Bajo la sombra de los pinos, se abre un hueco para desnudar los recuerdos, empaparnos del espíritu que aquellos hombres infatigables nos dejaron como heredad, y permitir que la nostalgia guíe nuestros pasos.
Por estos senderos de grandeza, consigo mirar más allá de lo que alcanza mi vista: Porque quiero contemplar el transitar de los gabarreros por las veredas de su Historia.
José Manuel Martín (Chichas)
Abril de 2011
EL ÁRBOL Y EL ANILLO
Cuento Ganador del XXII concurso de cuentos "Los cuentos de La Granja" en su edición del año 2004