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UNA RUTA MUY REAL
El recorrido de los Vadillos por el Camino de las Pesquerías ofrece un paisaje en el quefauna y flora son los auténticos protagonistas
Sandra Cantalejo - El Norte de Castilla (20/08/2009)

Estos días en los que las altas temperaturas son las protagonistas, hay que buscar sitios donde poder estar resguardado del calor y si es en contacto con la naturaleza, mejor que mejor. ¿Qué hacer si la crisis afecta y no se puede ir uno de veraneo playero y le toca quedarse en Segovia? Esto no es el fin del mundo, ya que hay numerosas actividades que nos ayudan a evadirnos de la urbe para disfrutar del campo, como la Ruta del Puente de los Vadillos que recorre parte de los montes de Valsaín.
La Boca del Asno es una zona apreciada por segovianos y madrileños, y que se llena de gente que busca pasar el día en el campo.
Hay muchas rutas para descubrir la fauna y flora de los montes de Valsaín. Una de ellas es la de los Vadillos, que comienza en el Centro de Interpretación de la Boca del Asno. Allí el guía del centro, Raúl Hergueras, empieza explicando cuál será el itinerario a seguir, por la ribera del río Eresma hasta el puente de los Vadillos para luego bajar por otro trayecto. Ayer la ruta contó con la presencia de la subdelegada del Gobierno, María Teresa Rodrigo, la cual destacó que «la gente ya conoce el monte, pero no los aspectos medioambientales y las rutas guiadas permite aprenderlos».
Para los que se entretengan con la flora, que no se preocupen, pues el camino está señalizado con marquesinas informativas que hacen de punto de encuentro y muestran un croquis de las diferentes rutas que cruzan por ella, para que todo el que quiera pueda realizar la ruta por su cuenta. Pero no se debe perder la oportunidad que ofrecen los recorridos guiados con carácter gratuito del centro de montes.
Pesquerías
Para llegar al puente que data del siglo XVII, hay que seguir en sentido ascendente el cauce del río Eresma o de Valsaín, según se le quiera denominar, ya que el paso del tiempo ha hecho que adquiera las dos denominaciones.
Los bloques de granito que protegen el río son sospechosamente regulares, y es que es lo que se conoce como el Camino de las Pesquerías Reales, de 11 kilómetros de longitud, que Carlos III mandó crear como ampliación de su residencia veraniega.
Una de las zonas más bonitas del recorrido es el inicio, donde existen pozas naturales que el agua cristalina y oxigenada ha formado con el paso de los años, y que sirven de piscina para muchos de los visitantes.
Hay momentos que sólo se viven una vez, así que a lo largo de la visita hay que ir con los ojos bien abiertos para no perderse ningún detalle. Así se pueden ver cómo una chinche se alimenta de la hierba de Santiago que florece hacia el 25 de julio y que es venenosa; al mirlo acuático, un pájaro buceador, buscar su comida entre las rocas. Podemos ver hasta especies aún sin catalogar. Tres horas después de salir del Centro de Interpretación, llega el momento de volver a él, detrás una ruta agradable de recorrer y que enseña los entresijos de la naturaleza.