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Como lleva siendo costumbre en los últimos números de Crónicas Gabarreras, os voy a hablar en esta sección, queridos paisanos, de otro más de los pequeños habitantes de nuestra montaña de gran importancia científica y ecológica, pero sin embargo, tan desconocido por tratarse de un insecto. Los asiduos a esta publicación ya sabéis que lo que pretendo con las páginas de esta sección, es dar a conocer los enormes valores entomológicos de los pinares y montañas de Valsaín, tan desconocidos pero importantísimos para la biodiversidad y el valor ecológico de nuestros queridos lares.
Esta vez hablaré de un neuróptero; los neurópteros son insectos de metamorfosis completa, es decir, en su ciclo biológico pasan por varias fases de desarrollo: huevo, larva, pupa e imago. Me centraré en los imagos, la fase adulta reproductiva y en la que las personas nos fijamos, ya que las demás etapas del ciclo vital suelen pasar desapercibidas. Las características comunes de los neurópteros en su fase de imago son: cabeza pequeña, con antenas filiformes, dos ojos compuestos grandes respectos al tamaño de la cabeza; dos pares de alas, casi iguales, alargadas y anchas respecto al abdomen, traslúcidas, con venas muy patentes de entramado cuadrangular y que en reposo se sitúan a lo largo del abdomen en forma de “tejadillo”; dicho abdomen suele ser alargado, cilíndrico y fino.
Osmylus fulvicephalus
La especie de neuróptero más peculiar de nuestro pinar es Osmylus fulvicephalus; pasa tan desapercibida y es tan desconocida que ni siquiera tiene nombre común. Es una especie relíptica, es decir, propia de otros ambientes de latitudes más al norte en la actualidad (eurosiberianas), pero que ha sobrevivido en el Pinar de Valsaín hasta hoy por las peculiaridades climáticas propias de nuestra montaña, con un clima más nórdico (frío y húmedo) al que corresponde al resto de la España mediterránea. En tiempos pretéritos el centro peninsular tenía todo él un clima periglaciar, más húmedo y frío que el actual, donde especies centroeuropeas actuales habitaban en casi toda la Península Ibérica; en los últimos milenios el clima se hizo más mediterráneo y las especies de ambientes más húmedos y fríos se fueron extinguiendo, quedando relegadas algunas poblaciones a las zonas montañosas que conservaban climas locales con condiciones climáticas adecuadas. Por lo tanto la especie que nos ocupa hoy es toda una superviviente, teniendo en Valsaín las poblaciones más meridionales de toda Europa, lo que hace que sean muy sensible a cualquier cambio ambiental, ya sea natural o antrópico.
Osmylus fulvicephalus, es un insecto ligado a ambientes húmedos y sombríos, típicos de arroyos de media montaña, con cursos de agua permanentes aunque no muy caudalosos, limpias y oxigenadas, donde viven las larvas entre los musgos humedecidos de sus riberas, siendo predadoras de pequeños insectos. Tras la metamorfosis, al emerger los imagos en el mes de junio, nunca vuelan lejos de dichos arroyos, predando sobre otros insectos, aunque viven pocas semanas; estos imagos tienen una envergadura alar de unos 3 cm, con las características propias de los neurópteros, son reacios a volar y lo hacen mal, la pequeña cabeza es de color granate y las alas hialinas presentan alguna mancha negra; esta coloración críptica y su poca movilidad, les hace casi invisibles entre la fresca vegetación ribereña.
Ya que este número de Crónicas Gabarreras está dedicado al deporte, la próxima vez que salgamos al campo a andar o correr y vayamos por la ribera de alguno de tantos arroyos de nuestro pinar, estemos atentos a lo que nos rodea y fijémonos también en esos pequeños seres tan ignorados, los insectos y con un poco de suerte podremos ver a nuestro desconocido, escaso y críptico protagonista, Osmylus fulvicephalus. En muy pocos sitios de España tienen esa suerte.
Alfonso Robledo.